la casa de las hormigas

jueves, octubre 26, 2006

8


Mientras Tomás hablaba de sus sentimientos, sus sueños, sus logros, sus miedos, cosas que de los presentes sólo a Juan le interesaban. Roberta estaba aburridísima, pero para esos casos están las hormigas. El celular de Ana, que estaba sobre la mesa, junto a la azucarera se estaba llenando de hormigas. Roberta tomó el aparato y las observó. ¿Qué buscarían en teléfono?. Y con un grito reaccionó cuando los botones y pantalla luminosa del aparato se encendieron y de nuevo Shakira les deleitó una bonita melodía.
-¡No mames!, ¿quién chingados pone de ringtone a Shakira?, ¿a quién chingados se le ocurre?. – Gritó tan fuerte que Shakira dejó de cantar y de mover sus caderas.
-¿Roberta? – Un extraño se acercó y se presentó. – Soy Raúl, el novio de Ana, hablé contigo hace unos minutos.
-¡Ah!, hola Raúl, ¿te quieres sentar?, deja te presento, ese muchachillo que está ahí – Señalando a Juan. – El afeminadito, ese es mi mejor amigo, se llama Juan.
-Mucho gusto Juan. – Le dio la mano. – Perdón, ¿no ha regresado Ana por su teléfono?, ¿no la han visto? – Raúl estaba nervioso.
-Pues no, la verdad no. – Contestó Tomás. – De hecho se fue diciendo que se había quedado de ver contigo. Por cierto yo soy Tomás.
-Mucho gusto. – Esas fueron sus últimas palabras, al menos durante un par de horas más.

Foto: Una Hormiga, tomada por Hormigas

lunes, octubre 23, 2006

7


-¿Y te quedaste de ver con alguien aquí? – Preguntó Tomás a su nueva conquista del sábado en la tarde de café.
-La verdad no, estoy haciendo tiempo en que mi novio sale del trabajo.- Contestó Ana, muy sonriente, siempre sonriente. – Me choca, en teoría sale a las 6 los sábados pero su jefe siempre lo retiene por equis o ye pendejada. Pero bueno, me da tiempo para consentirme con un buen café, leer una revista y a veces hasta hacer una que otra comprita.
-O conocer gente…
-No, eso es algo que no me interesa tanto. Verás, llevo con mi novio más de tres años…
-Pero bueno, no debes cerrarte a hacer una linda amistad.
-Bueno eso nunca se sabe.
-¿No te pasa?, ¿Qué en esta ciudad donde gente va, gente viene de repente te sientes solo?, ¿sola? – Preguntó Tomás interesado.
-Pues en parte estoy de acuerdo contigo. – Ana, tan jovial como siempre muy atenta e interesada con el café acompañado de una plática con un extraño. – Sí, gente va gente viene pero tengo a mi novio con el cual vivo y somos muy felices. A veces si me siento necesitada de convivir con alguien más, de socializar…
-Exacto, vengo saliendo de una relación amorosa media turbia y la verdad ahorita no quiero nada con nadie, pero a veces si me gustaría platicar con alguien más…
-¡Pues para eso está el chat!- interrumpió Juan que iba llegando al lugar tal vez a encontrarse con Roberta. Tomás se quedó helado y Ana no entendía nada.
-¿Ju, Juan? – Preguntó Tomás.
-Juan Alberto Rodríguez Perales. 31 años, estilista, soltero… - Saludó Juan con la mano, muy formalmente.
-¿De verdad eres estilista? – Preguntó Tomás incrédulo. Ana sonreía atenta.
-La verdad no, soy algo mucho más aburrido que eso, soy contador pero no quiero hablar del tema porque me deprimo. ¿Me puedo sentar un instante mientras llega mi dama? ¡Ay, soy un grosero por no presentarme con la tuya. – Le da la mano atentamente a Ana. – Señorita es usted muy hermosa, soy Juan Alberto Rodríguez Perales, pero me puedes llamar como quieras, soy contador pero cuando no cuento soy muy abierto.
-Mucho gusto, soy Ana Sánchez Rico, 28 años, veterinaria. – Saludó amablemente.
-¿Juan?, no lo puedo creer, mira que verte aquí. – Tomás seguía incrédulo.
-Más bien mira que verte aquí a ti. ¿Vacaciones?
-No, llegué hace un par de meses, Tomás Alfaro Pedraza, 32 años, Ingeniero Mecánico. – Se presentó con Ana y después con Juan.
-Roberta Jiménez Manríquez. 29 años, Diseñadora de Interiores. – Interrumpió Roberta. – Hay una silla más, ¿me puedo sentar?
-¡Hasta que llegas perra!, si no fuera porque me encontré con Tomás mi primer…
-¡Mejor amigo! – Completó Tomás.
-Mejor amigo. Claro, y su dama Ana, 28 años, veterinaria.
-No, no soy su dama, estoy sentada en esta mesa compartiendo el café con este amable joven que apenas hoy conozco. – Dijo Ana señalando a Tomás quien estaba sentado a su lado.
-¿Tomás?, claro, yo a ti te conozco. La semana pasada te sentaste en mi mesa porque no había una disponible y me sacaste plática… y usaste la típica de…
-¿Yo a ti te conozco?, ¿es este tipo? – Con una carcajada interrumpió Juan.
- Y es que sí, te conozco Roberta, no se de donde, es en serio. – Afirmó Tomás.
-¿Y lo usó contigo Ana? – Preguntó Roberta a Ana.
-No, todavía no pero estaba esperando a que lo hiciera y en eso llegó Juan y luego tú. No ha pasado. – Pronunció mientras sacaba de su bolsa su teléfono celular que estaba sonando al ritmo de Shakira. - ¡Hola amor!
-Que raro verte Juan, de verdad. – Tomás tomó la mano de Juan y estaba un poco serio.
-¿Te molesta encontrarme?
-¿Oigan los dejamos solos para hablar? – Preguntó Roberta.
-No, no, si Tomás vive aquí ya habrá tiempo para hablar, claro si él quiere.
-¿Pedimos otro café? – Animó Tomás.
-Lo siento, tengo que irme, me quedé de ver con mi novio. – Se despidió Ana. – Me dio gusto conocerlos a todos. - Se levantó dejando el dinero del café y una tarjeta de presentación y se retiró.
-Amor, voy al baño. – Se dirigió Roberta a Juan. – Desde hace rato que ya “me anda” y ni chance de ir. – Los que conocen a Roberta saben que ella es de las que guarda pocos secretos, siempre da detalles.
-Tomás, Ingeniero, tan macho, tan heterosexual como lo que representas. – Y los que conocen a Juan saben que nunca se guarda nada.
-¡Tómala!, ¿la sueltas así nomás? – Respondió Tomás sonriente.
-¿Te crees muy macho?, ¿qué tan macho?, ¿tan tan macho que no tienes los huevos para dar la cara y terminar una relación?, ¿de esos que son tan machos que por miedo nomás desaparecen? – Respiró y suspiró. – Perdón, ya me desahogué. Lo que pasa es que no me gusta guardar rencores, eso fue hace ya mucho tiempo y ya no me duele pero para llevar la fiesta en paz pues mejor saco los corajes. ¿Algún problema con eso?
-¡No, no, no!, para nada, al contrario. ¿Entonces esto significa que me has perdonado? – Preguntó Tomás intrigado.
-Mmm, ¡sí!, pero obvio que voy a necesitar después una explicación, osea nomás no entiendo como pudiste cambiar eeessstttooo – Se levantó y señaló su cuerpo. – por eeesssooo. – Señaló una mesa con mujeres.
-Juan relájate, siéntate. ¿En qué momento te hiciste tan maricón?
-¿Con que quieres saberlo?, claro, te lo responderé pero primero me vas a contestar ¿Cuándo te hiciste tan macho?, mira nomás esa barriga de heterosexual casado, esas canas y solo tienes 32 años…
-¿Es el momento?, ¿no tarda en regresar Roberta del baño. – Tomás se ponía un poco serio.
-Roberta es mi mejor amiga, sabe todo de mi, es quien más me conoce en este pueblo y de todas formas lo que me digas se lo voy a contar. Así soy. Así que mejor espera a que salga del baño para que nos empieces a contar.
-¿Es una orden?
-Me quiero divertir. Es todo. Yupi. Y empieza a hablar antes de que te haga un escándalo. Bueno, ahorita que llegue Roberta.
-Te ves muy bien Juan, se ve que la llevas bastante bien.
-Pues más o menos no me quejo, trato de verme bien, de verme más joven de lo que soy. En el trabajo piensan que soy metrosexual nada más. En mi cumpleaños me regalan cremas y cosas así. Digamos que me cuido. Pero no puedo decir lo mismo de ti, lo siento.
Estuvieron hablando por un rato de cosas que parecieran banales y superficiales para algunos, pero de suma importancia para Juan.
Cuando Juan era pequeño y vivía con su familia la cual es de mente muy abierta para vivir en una ciudad tan conservadora estudiaba en una escuela católica. Rodeado de puros compañeros hombres de diversos tamaños y colores descubrió su identidad sexual. Siempre confiado habló con su mamá, que reaccionó en forma ignorante y sin darle importancia. La figura paterna en su hogar no tenía fuerza así que su padre de igual manera lo tomó con naturalidad pero no supo orientarlo. Marissa, su hermana mayor siempre lo ignoró y hasta la fecha lo hace, pero Melissa, la hermana del medio, lo convirtió en su mejor amiga.
En su último semestre de preparatoria conoció a Tomás. De hecho ya lo conocía de vista pero nunca le había importado. En 4º semestre en clase de Química hicieron pareja para un trabajo y más que pareja académica terminaron siendo pareja sentimental. Ninguno se explicó como se dieron las cosas, sobretodo porque en este entonces Juan era muy tímido y retraía mucho su preferencia sexual.
Al principio de la relación Tomás se convirtió en la persona más tierna con Juan, era muy detallista, siempre lo dejaba escoger la película que fueran a ver, su restaurante favorito. No duró mucho la relación, el semestre terminó y Tomás se fue a estudiar inglés a Canadá. Juan lo esperó pero nunca regresó a su vida. Nunca supo más de él. Hasta ese día. Así que lo que hablaron en parte no son cosas banales. Se estaban actualizando.

-¿Interrumpo? – Preguntó Roberta quien todavía tenía las manos mojadas. Tomó una servilleta y se medio secó las manos.
-¡Claro que no!, de hecho te estamos esperando para que Tomás, quien fue mi primer novio del que te platiqué, el de la prepa, nos cuente por qué desapareció de mi vida. Estoy esperando una explicación de hecho.
-Osea que el chisme va a estar bueno. – Tomó asiento.
-¿Qué?, ¿de plano tengo que confesar? – A Tomás no le parecía tan mala idea, no estaría mal hacerse de un grupo de amigos y si hablar de su negro pasado era el precio, igual y lo valía. Juan y Roberta no gesticularon palabra alguna, solo lo observaban en espera de que empezara a hablar.
Mientras Roberta hacía su rutina por atraer a las hormigas Tomás comenzó a hablar, sobre lo bonito que fue ese semestre y lo diferente que era Juan.
-Pues sí, después de tanta chingadera que me hicieron ya no soy la misma jeje. – Comentó Juan.
Las manos de Roberta estaban húmedas y unos granos de azúcar quedaron pegados en la punta del dedo índice. Esto atrajo a una hormiga que a la primera oportunidad le picó.
-¡Mierda! – Interrumpió la confesión.
El último éxito de Shakira los terminó por distraer de todo. Era el timbre de un celular.
-¡Ay no mames! ¿quién demonios pone un ring tone de Shakira? – Preguntó Juan.
-Ana. – Respondió Roberta enseñando el celular de Ana que lo había dejado olvidado sobre la mesa. - ¿Si? – Contestó. – No, perdón no soy Ana, me acabo de dar cuenta que lo dejó olvidado en la mesa del café donde estaba. – Un poco intrigada. - ¿Aja?, no lo que pasa es que ya se fue desde hace rato. No se, media hora tal vez. – Intrigada. – No se la verdad, no, ni idea, como te digo, olvidó su teléfono aquí en el café. Si, estamos Juan, Tomás y yo. ¿Tú quien eres? – Suspiró. – Ah su novio, ya entiendo. Pues no se, tal vez se dio cuenta que dejó su móvil aquí y se regresó por él. Yo soy Roberta, ¿tú como te llamas?, okay bueno aquí te vemos. Ciaaaooo. – Colgó y dejó el teléfono sobre la mesa.
-¿Por qué contestaste un celular que no es tuyo mal educada? Ay lo bueno es que me tienes a mi que te orienta y te dice como se debe comportar una dama. – Comentó Juan en forma burlona.
-Ay pues para que se callara la boca Shakira.

Foto: Probando el macro digital de mi cámara, tomada por Hormigas